Ahora o nunca. Es el momento perfecto. Mientras duermes y papá esta ocupado con sus asuntos personales yo saco fuerzas de las pocas que ya me quedan a última hora del día y me animo a escribir. Son muchas las veces al día que pienso en hacerlo y al final se esfuma y uno mas sin contar nada. Esos capitulos los dejo plasmados en mi mente, pero con miedo a que un día pueda perder la cabeza y olvidarlos.
Justo un año y una semana de tu llegada, quiero recordar como fue aquel momento. Puede parecer horroroso, pero es lo mejor del mundo, repetiría sin pensarlo.
El día de tu primer cumpleaños fue muy especial. Imagino que como para cualquier mamá y papá que está viviendo la misma situación que nosotros. Gente por allí, gente por allá, familia, amigos, regalos, globos y mucha comida. Fue genial. Solo que tu terminaste agotado sin saber porque. Ya después lo descubrimos. Tenías un virus que no te dejaba estar en paz. Pobrecito. Como llorabas. Y pobre de nosotros, que ante la impotencia de no saber que hacer se nos junto el cansancio que tanto agrava las cosas. Así todo te sabe peor. Hasta la mas insignificante de las sonrisas.
Hace algo mas de un año. Las 2:30 de la madrugada. No puedo dormir. Algo pasa. Llegó el momento. Ahora si es. Ya está aquí. Como siempre todo debe estar perfecto. Papá se afeita. Reviso mi bolsa para llevar al hospital. Me doy una ducha. Jana incluso queda servida, comida, agua y sus necesidades por lo que pueda deparar el día. Tranquilamente entre respiración y respiración, tal y como me había enseñado mi querido matron Salvadorgrau.com, nos marchamos serenos hacia ese lugar al que por primera vez no sabes que vas a encontrar. 4:00 am.Ya estamos en la puerta. Necesito sentarme y respirar antes de entrar. Pero finalmente puedo levantarme y continuar. Ya estamos aquí pensé. Ahora si llegó el momento. La enfermera del turno de noche nos recibe perezosa. Seria. Antipática. Malhumorada y ojerosa. Justo lo que menos desea una mujer en ese momento. Pero tragas saliva y piensas, no pasa nada. Lo importante fue que ahí estaba papá a mi lado, lo demás no importaba. Todo va bien. El dolor aumenta, y en ese momento piensas, preparación preparto?...todo es mentira, te quieres morir, porque ni siquiera te ves capaz de lograr respirar como te había dicho tu matron, todo te parece mentira en ese momento. Todo se nubla. El dolor se apodera de tu cuerpo y tu mente. Lo único que te importa es que el anestesista pase cuanto antes a verte. Suerte la mia, finalmente lo hizo, me toco otra dormilona ofendida. Su cara decía que porque, que eso no eran horas. Mierda de profesionales (algunos). Entonces solo te importa como te traten, estás como una leona furiosa. Mala suerte la mía, aunque tuvo su lado positivo, fue tal la mala ostia que me puso con sus malas formas que hizo olvidarme por un momento de mi angustia. No se, quizá es una tecnica para ello. Poco a poco empecé a sentir que pesaba menos, que me elevaba, que podía volar, como si de haberme fumado un canuto se tratara, y entonces pensé, VIVA LA EPIDURAL!. Admiro a esas mujeres que deciden no ponérsela, pero haya ellas. Yo mataba por un pinchacito en ese momento.
Todo fue tal y como lo habíamos decidido. Solo los dos acudiríamos en la mas absoluta intimidad cuando llegase el momento, pero este se acercaba cada vez mas a su fin. 6:00 am. Decido llamar a mi madre para que pueda coger el primer bus de la mañana y preparar sus próximos días con nosotros, los cuales fueron bastantes mas de los previstos. 8:00 am. Llamada a sus futuros abuelos. Algo enojados por no avisar comienza la revolución. Toca correr para llegar a tiempo. Cambio de turno. Mi fiel ginecologa no me abandona, sigue conmigo. Nueva matrona en cambio. Una chicarrona del norte que tan solo hace un día me atendió con una falsa alarma. Tan cariñosa como grande. Lo que no sabía aún es que también tenía tanto de bruta. Y ahora si. Llegó el momento. Tumbada sobre el potro. Dos ginecólogos a mis pies. Pediatra a la izquierda. ATS a la derecha, papá a la izquierda esperando recibir instrucciones que después hubo de poner en marcha, y la chicarrona que sumo centímetros a su gran estatura de serie. Subida sobre una escalera se remango, dio ordenes y empezamos a trabajar. Nunca antes me había sentido tan presa. Ordenes por un lado, ordenes por otro, pero falta de comunicación para la conciencia de mi cuerpo. Mitad consciente, mitad inconsciente utilizo todas las fuerzas que puedo, pero apenas me dan tregua para coger unas pocas mas, me lo ponen complicado. Me ahogo, no puedo respirar, no me dejan hacerlo, así es imposible. Caras de incertidumbre. Papá lo está haciendo fenomenal, pero se da cuenta de que algo no va bien. Último intento me dicen, o toca correr. Por fin una voz me hace poner la conciencia en mi cuerpo y me digo que tengo que conseguirlo. Así es. Sin apenas sentirte ya estás aquí. Visto y no visto. Apenas puedo verte ni olerte. Papá sigue agarrado de mi mano. Lágrimas que se quedan estancadas. Tu sobre la mesa. Respiras, pero no se te oye. Tu también lo has hecho de maravilla. Sin ti no hubiese sido posible. Lo poco que veo es precioso. Pero te marchas. Papá está pálido. Preocupado. Le digo que no pasa nada, que todo va a ir bien. Y seguimos con el personal. Charlamos. Como si nada hubiese pasado. Recibiendo informes. Siento que acabo de correr una maratón. Pero aun no puedo tenerte. Nada es como idealizas. Es mejor no hacerlo. Las cosas pasan como pasan. Unas horas mas tarde papá puede verte. Es el primero en conocerte de la familia. Me trae una foto. Ahora si lloro. Lo necesito. Ese eres tú. Mi niño. Mi pequeño. Ese al que quiero con locura. Las horas se hacen infinitas hasta tu llegada a la habitación. Estás agotado. Has corrido junto a mamá la maratón. Primeras sensaciones. Estoy extraña. Me encuentro mal. Todo me molesta. Es normal supongo. Pero ahí estas tu. Te miro, y todo se olvida por unos instantes.
Recuerdo todo como si hubiese ocurrido ayer, y en cambio, miro hacia atrás, y ya ha pasado un año. Es verdad que el tiempo pasa tan rápido?. Son los hijos los que te hacen verlo así?. No lo se, pero ha sido uno de los años mas felices de mi vida, y estoy segura que muchos quedan por venir junto a ti.
Lo mas maravilloso del mundo es, haber tenido el hijo que tengo contigo papá. Os adoro a los dos. A ti Alvaro por existir, y a papá por ser la mejor persona que he conocido y porque me has dado un hijo maravilloso.
Gracias. A los dos.